EL PERÚ COMO FÁBRICA DE MUJERES FORZADAS

captura-de-pantalla-2014-12-17-a-las-10-57-22-amImaginemos quirófanos, médicos y una meta por cumplir: 150 mil mujeres debían ser operadas cada año por orden del Gobierno de Fujimori. 12.500 cada mes. 17 cada hora. La meta imponía un ritmo similar al de una fábrica o de un matadero de cerdos.

Si los médicos y enfermeros de un hospital cumplían el objetivo, el ministerio les premiaba con certificados que mejoraban sus hojas de vida. Si no cumplían, otros colegas se llevaban los reconocimientos.

Los médicos colgaban carteles en las plazas y mercados invitando a la “Gran campaña de ligadura de trompas”.

Las ambulancias recorrían los pueblos cercanos y traían a las pacientes. Solo en Piura, recuerda un médico, 570 eran operadas cada semana. 81 cada día. 3 cada hora.

Por la prisa, por las metas, a veces el cirujano cortaba mal, perforaba un intestino, se llevaba de encuentro un órgano sano. Las pacientes se morían de eso o por el exceso de anestesia.

Algunas supervivientes recuerdan haber sido encadenadas durante la cirugía.

Pero en esos años, nadie denunciaba esto. Las cosas ocurrían nomás. Los medios de comunicación y los jueces vivían sobornados.

El Gobierno esperaba que la tasa de natalidad se redujera de 3,5 niños por mujer a solo 2. En el horizonte, que entonces era el año 2000, el Perú tendría menos pobres no porque fuera un país más justo, sino porque las mujeres pobres no podrían parir niños pobres.

El ministro de Salud informaba a Fujimori en oficios firmados de puño y letra: A solo seis meses de iniciado el programa de 1997, hemos cumplido el 45 % de la meta total trazada para este año: 150 mil mujeres esterilizadas. ¿150 mil?

Imaginemos a todas las mujeres de Miraflores, San Isidro y La Molina pasando por el quirófano, por aquel quirófano, y de pronto ya ninguna puede tener hijos. Imaginemos el escándalo. La pena. Las cámaras. Los juicios.

Pero el programa no se aplicaba en los barrios más adinerados del país, sino en pueblos lejanos, donde muchas mujeres quechuahablantes no entendían lo que los médicos les decían en español.

En esos años de Fujimori, el Perú era muchas cosas. Un país tomado por una mafia corrupta. Una gran factoría de mujeres esterilizadas a la fuerza. Un país sin justicia muy parecido al de hoy. Un día Fujimori cayó. Es un decir. En el Perú, cuando los malos caen, lo raro es que siguen de pie.

En 2014, el caso de 2046 señoras esterilizadas a la fuerza llegó a manos del Ministerio Público.

2046 señoras bastarían para llenar 15 autobuses públicos, si es que esas señoras tuvieran el dinero y la posibilidad de venir a Lima a reclamar, a mostrarse. Pero las 2046 señoras son pobres. Están en sus chacras, atendiendo sus animales, a sus maridos. Algunas, por las secuelas de las operaciones, ni siquiera pueden caminar.

Y les pasa lo que siempre les ha pasado a los provincianos pobres: si no vienen a Lima, no existen.

En el Ministerio Público, el Fiscal de la Nación decide reemplazar a la magistrada que debía ver el caso de oficio. No es la década de Fujimori (es un decir) sino el año 2014. Un fiscal que no debía asumir el caso lo asume. Como es natural, lo archiva. Dice que, después de 20 años de pruebas, no hay pruebas. Y que Fujimori no hizo lo que hizo ni sus ministros de salud alentaron lo que alentaron.

Lo que dice ese fiscal, se quiera o no, es la palabra del Estado.

Y lo que el Estado les dice a las 2046 mujeres es que lo que les ocurrió dentro del viente en realidad no les ocurrió.

“Señoras que dicen que no pueden tener hijos, atención, por favor. Resulta que aquel quirófano que funcionaba a toda máquina (17 mujeres esterilizadas por hora, en todo el país, según el propio ex ministro Marino Costa Bauer), en realidad nunca existió. Es una fantasía de ustedes. No mientan. Vayan nomás. Busquen a sus maridos. Seguro que si se esfuerzan pueden quedar encinta”.

Eso dice el Estado.

Imaginemos otro escenario. Acaba la Segunda Guerra Mundial. Hitler está muerto, igual que seis millones de judíos asesinados bajo sus órdenes. Los aliados forman un tribunal para juzgar a los líderes en los célebres procesos de Nuremberg. Si ese proceso se llevaba a cabo en el Perú de hoy (con nuestras autoridades compradas, alquiladas, envilecidas), los magistrados habrían determinado que el Holocausto, los campos de concentración, las cámaras de gas, el canibalismo, los fusilamientos, las fosas comunes, todo ese horror, en suma, se tendría que archivar por falta de pruebas. Porque ni Hitler hizo lo que hizo. Ni los judíos murieron como murieron. Y Fujimori no ordenó lo que ordenó.

2046 señoras pobres, de provincia, experimentan hoy ese tipo de injusticia en el Perú.

El Estado, un mundo enmarañado y corrupto, no las atiende. No porque ellas no tengan la razón. Sino porque hay dinero, arreglos y quién sabe qué cosas de por medio. Además, las señoras son de provincia, encima pobres = invisibles.

¿Sería distinto si las 2046 mujeres vinieran a Lima? ¿Si las viéramos? ¿Si las oyéramos?

El Fujimorismo no es un movimiento. Es una manera muy bestia de ver el país y de gobernarlo. El fujimorismo está ahí en el congreso, en el ministerio público, en el poder judicial, en los partidos políticos, en Palacio de Gobierno, en lo que hace y dice el mismo presidente.

Este documental, donde se cuenta la historia completa, se ve en 30 minutos. El impacto dura mucho más. Sé que los autores, la agencia Hiperactiva, está haciendo una gira por el país exhibiendo el video de manera pública. Conviene estar atentos para verlo.

Por Marco Avilés publicado el [17/12/14] en UTERO.PE, disponible en: http://waterloo.utero.pe/2014/12/17/el-peru-como-fabrica-de-mujeres-forzadas/